sábado, 1 de agosto de 2009

Como vencer a la muerte

Desde que la historia es historia, el hombre se ha planteado como un ser finito, que sucumbió ante la naturaleza, la espada y la bala, Que muere sin importar estrato social, poder político o nivel de conocimiento. La muerte como igualadora es una constante en el andar por esta vida, ya seas Pérez o Lisperger, todos sol polvo y a polvo vuelven. La ciencia ha tratado de buscar siempre el elemento genético o evolutivo, de la eterna juventud, de la vida eterna, e incluso mas tribal aun, la vacuna para tal o cual enfermedad; a su vez la literatura también se ha obsesionado con esta situación, recordemos al querido doctor Frankenstein, y su obsesión por revivir un cuerpo inerte, hecho de pedazos de muertos. El éxito del doctor sin duda fue mayor a la de la ciencia moderna y contemporánea, el afable doctor logró revivir la carne muerta y darle una vitalidad digna del más vivo de los vivos. Esta paradoja ubica a la literatura y más propiamente a la palabra, como la disciplina que logro vencer la muerte. Recordado es el apreciado Dante, quien seducido por el aroma del amor, desafía las profundidades del Hades, guiado por Virgilio, y se interna en los dominios del enemigo arquetípico del hombre.
En chile la sabiduría popular, ha tratado el tema desde tiempos inmensurables. Fue a raíz de una vieja leyenda que me contó mi abuela, que me doy cuenta hoy cual es la única forma de vencer a la muerte. La leyenda se llama “el roto que engaño al diablo”. La cual narro a continuación:

Cierta vez, en un bosque de Chile, un roto chileno, necesitaba con urgencia dinero. Al no tener ningún peso, se le ocurrió la peligrosa idea de hacer un pacto con el diablo. Se dirigió al lugar más espeso del bosque e invocó al mismísimo diablo. Al instante se presenta la sombra de aquel al cual todos temen. -¿Quién es el que me ha invocado?- el roto al verlo se asustó un poco y dijo: -Yo fui don diablo- -¿Y que quieres? respondió éste - Quiero hacer un pacto contigo, venderte mi alma a cambio de mucho oro - Me parece interesante la oferta... ¿cuándo quieres que te lleve? - Mañana mismo- dijo el roto- Las personas que me venden su alma piden años antes de que los venga a buscar y tú me pides que te lleve mañana mismo. Bueno -dijo el diablo- entonces cuanto oro quieres... - la mitad de tus riquezas- Está bien te las concederé. El roto antes de cerrar el trato le dijo al diablo que tenía que firmarle un papel donde dijera lo pactado, para lo que el diablo aceptó sin problemas. El mismo roto fue el que escribió el papel, el cual decía: \"Bartolo Lara, No Te Llevaré Hoy, Pero Sí Te Llevo Mañana\". Firmado en sangre, ambos se fueron del lugar. El Roto Chileno apareció esa noche en el pueblo enfundado en un traje de salón impecable, espuelas de oro, caballo de finura increíble, vino a destajo, mujeres. etc. Al día siguiente el diablo se presenta ante él y le dice que lo viene a buscar para llevárselo, el roto le pregunta ¿estás seguro que es hoy?- Mira lee nuevamente el papel que firmaste ayer y dime si no estoy mintiendo-, el diablo indignado leyó el papel que decía: \"Bartolo Lara, No Te Llevare Hoy, Pero Si Te Llevo Mañana\". Así continuo el diablo llegando todos los días a leer el papel que el mismo firmó,
sin conseguir su parte del trato. Aun hoy se puede oír en las profundidades del bosque al diablo rugir por aquel roto que lo engaño de forma tan ingeniosa.

En la anterior leyenda, nos reencontramos con el lenguaje y su importancia, con la palabra como piedra angular de la existencia, como la verdadera fuente de juventud eterna. Existe un enemigo arquetípico, el demonio, del cual la muerte es solo un aspecto. ¿Cómo vencer a aquella, del cual ni siquiera el valiente Aquiles o el fuerte Hércules, pudieron escapar?
La respuesta de la interrogante nos sugiere un solo camino: LA PALABRA. La cual es capaz de perdurar en el tiempo, capaz de sobrevivir a guerras y dictadores, a apocalipsis y diluvios, a inquisiciones y censuras. Vivimos en y por la palabra, bebemos de su manantial sagrado y nos regocijamos en su lecho de razón y claridad.
Es la palabra la única forma de vencer la muerte, aquel del cual se escribe, se queda latiendo en esta vida. La real inmortalidad, esta fijada por la trascendencia de su pluma, de su retorica, de su palabra. La única fuente de la juventud esta en nosotros, nos sostiene, nos comunica; y nosotros con nuestra soberbia infame, la descomponemos, la destruimos, la basureamos; pecamos en Leer con lejanía a los clásicos, por considéralos “anticuados” en su lenguaje. Nuestra palabra inconsistente, que surge de la mala pronunciación o la coprolalia, no trascenderá, será vencida por el diablo, y Terminaremos así nuestros días sumidos en el infierno del mal uso y las palabras corrompidas, sin saber que decir para quedar libres del tormento.

1 comentario:

  1. puede que de cierta manera le hayas dado forma a la fuente de la eterna juventud que tantos buscaron en nuestro continente, tirarse a la pileta y empaparse de borges cortázar lihn etc sea la manera más profunda de forjarse eterno. me encantó el vinculo
    quizá en una incursion experimental a tu escrito puedo decir que las armas de destruccion masivas deberían buscarlas adentro de una tele antes que ir a cagarse de miedo enfrentando a osama. o que la imágen bien usada asi como la palabra quizá no sea la vida pero si la alegría pa vivirla bien.
    y de ahi en adelante con todas las artes, armadura contra el arquetipo dentón llamado fin.

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